Pie plano y displasia de cadera en Mérida: cuándo preocuparse
La mayoría de las cosas que preocupan a los papás sobre los pies y la forma de caminar de sus hijos son variantes normales del desarrollo y se resuelven solas. La excepción importante es la displasia de cadera, y esa sí conviene buscarla temprano aunque no dé ningún síntoma.
Buena parte de mi consulta pediátrica termina en una frase que a los papás les cuesta creer: "no hay que hacer nada, solo volver a verlo en unos meses". No es desinterés. Es que en un niño que crece, el tiempo es parte del tratamiento, y intervenir de más puede hacer más daño que esperar bien vigilado.
Displasia de cadera: la que sí urge detectar
Es la condición en la que la cabeza del fémur no está bien contenida dentro de la cadera. No duele, no impide que el bebé se mueva y no se nota a simple vista. Por eso se busca de forma activa, no se espera a que dé señales.
Y por eso importa tanto la edad: detectada en los primeros meses, el manejo suele ser sencillo, con un arnés que mantiene la cadera en posición mientras se forma correctamente. Detectada tarde, cuando el niño ya camina, el camino se complica bastante.
Hay factores que aumentan la probabilidad y que ameritan revisión aunque todo se vea bien: que el bebé haya venido sentado en el embarazo, ser niña, ser el primer hijo, tener antecedente de displasia en la familia, o haber estado con poco líquido amniótico.
El ultrasonido de cadera y por qué en ese momento
En los primeros meses la cadera del bebé es en buena parte cartílago, y el cartílago no se ve en una radiografía. Por eso el estudio de elección a esa edad es el ultrasonido de cadera: muestra lo que la radiografía todavía no puede.
Pasados unos meses, cuando el hueso ya se formó lo suficiente, el estudio útil pasa a ser la radiografía. Ese cambio de herramienta según la edad es el motivo por el que no sirve pedir "el estudio de cadera" sin más: hay que pedir el que corresponde al momento del niño.
Otra cosa que conviene desterrar: el doble pañal no trata la displasia. Si hay sospecha, el manejo lo indica el ortopedista.
Pie plano: casi todos los niños lo tienen
Todos los bebés nacen con el pie plano. El arco se va formando durante los primeros años, y en muchos niños termina de definirse alrededor de los cinco o seis. Además, en los más pequeños hay una almohadilla de grasa en la planta que hace que el pie se vea más plano de lo que es.
Un pie plano flexible —que forma arco cuando el niño se para de puntas o cuando está sentado sin apoyar— es una variante normal. No duele, no limita nada y no requiere plantillas ni zapato ortopédico. Los estudios no han mostrado que las plantillas cambien la forma del pie en estos casos; lo que hacen es vaciar la cartera de los papás.
Distinto es un pie plano rígido, que no forma arco en ninguna posición, o uno que duele, cansa al niño o le impide seguirle el paso a los demás. Eso sí amerita valoración.
Camina con los pies hacia adentro
Es de los motivos de consulta más frecuentes y casi siempre tiene una explicación tranquilizadora. Según la edad, el origen suele estar en un nivel distinto:
| Edad aproximada | De dónde viene |
|---|---|
| Bebé y primer año | La forma del propio pie, curvado hacia adentro desde el nacimiento |
| Entre uno y tres años | Rotación de la tibia, el hueso de la pierna |
| Entre tres y ocho años | Rotación del fémur; suele notarse porque el niño se sienta en W |
La gran mayoría se corrige sola conforme el niño crece, sin aparatos ni zapatos especiales. Lo que sí vale la pena revisar es cuando afecta solo un lado, cuando el niño se tropieza mucho más que sus pares, cuando duele, o cuando en vez de mejorar con los años va empeorando.
Cuándo sí traerlo a consulta
- Cualquier bebé con factores de riesgo de displasia, aunque la exploración del pediatra haya salido normal.
- Un niño que cojea, aunque sea poco y aunque diga que no le duele.
- Dolor que lo despierta de noche o que aparece en reposo.
- Una asimetría clara: un pie, una pierna o un lado de la espalda distinto del otro.
- Pérdida de una habilidad que ya tenía.
- Un niño que evita jugar o correr, o que se cansa mucho antes que sus compañeros.
Si lo tuyo es la espalda, aquí explico cómo revisarla en casa: escoliosis en niños y adolescentes.
Qué hacer hoy
Si tu hijo tiene menos de seis meses y algún factor de riesgo de displasia, esa es la consulta que no conviene posponer. Para todo lo demás —el pie que se ve plano, la punta del zapato que se gasta raro, la forma de caminar que te llama la atención— agenda con calma y trae un video corto del niño caminando descalzo por un pasillo. Ese video vale más que cualquier descripción.
Aquí puedes ver cómo trabajo la consulta de ortopedia pediátrica. Atiendo de los cero a los diecisiete años en Torre Altabrisa Millenium, en Mérida, Yucatán, y recibo familias que vienen desde Progreso, Kanasín, Umán y Conkal.
Este artículo es informativo y no sustituye una valoración médica. Si tienes dolor o una lesión, acude con un ortopedista.
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